martes, 12 de octubre de 2010

Ella y su lenguaje

Habían sido días turbulentos que habían arremolinado todo en mi joven y ambiciosa mente alberga.
Esa noche de sábado decidí escapar de un sofá que me tragaba  e irme a una de esas exhibiciones en las que convergen diferentes expresiones artísticas de lo más alternativo. Buscaba perderme solitaria en ese espacio metálico, profundo y oscuro, como es el "Tanque". Un lugar surgido a partir de la rehabilitación de un depósito industrial de una refinería y destinado al arte más conceptual y experimental. Quizás allí encontraría algo que no sabría explicar, sentido.
Fue necesario adentrarme sola en ese metálico y enigmático espacio para sentir los latidos de la vida. Escuchando y en mi soledad llegué a las profundidades de su lenguaje. Ella se valía  de esos artistas experimentando, de ese espacio, de esas bombillas metidas en bidones pequeños que luchaban por irradiar su  luz. Que curioso, aun metidas en un pequeño recipiente plástico y opaco eran capaces, todas en unión, de iluminar un  grandioso y oscuro entorno. Estaba claro, la vida, Ella, quería comunicarme algo.
 Sí, me estaba comunicando algo, nos comunicaba.
Llegué a casa y ya no me sentía la misma, otra. Era como si Ella se hubiera metido en mi pequeño cuerpo y en mi alborotada mente para dejarla flotando, en el espacio.
Me fuí a dormir y enseguida entré en el mismo sueño flotado y tranquilo en el que de repente navegaba lánguida  una frase:
"La vida es la mayor obra de arte, de ella derivan las demás".
Al despertar, recordé esta frase. ¿De quién venía?, ¿quién era?, ¿qué sentido tiene?. Lo extraño es que nunca recuerdo mis sueños y esa mañana recordaba nítidamente esa frase. De repente me sentía la misma que la anterior noche  en la que estaba en ese sofá que me engullía, pero mi mente estaba ahora nítida, como un cielo azul y un sol brillante. Me invadían flashes que eran pinceladas de rojos encarnecidos, amarillos vibrantes, azules intensos, verdes.... y mi sensación de auténtico renacer, placer infinito.
En cuestión de unos segundos lo comprendí todo. Eran los paisajes en la que estamos inmersos. La voz?, la vida.
Que absurda que había sido, que días perdidos.  Vivir sin saber qué hacer con la vida por no escucharla.
Tristeza por esos días perdidos que nunca volverán, pero agradecida porque gracias a esta pérdida del sentido de Ella, íntimamente la encontré.
Detenerse, aislarse, escuchar y observar.
"La vida es la mayor obra de arte, de ella derivan las demás".
                                                                                                                                              P.S